Sí, es cierto que te dije que no lo pasaría tan mal como he hecho en el pasado, pero me equivocaba. Pensaba que podía controlar mis actos, pero no puedo. No soy capaz, no controlo mis gestos, mi mente esta perdida, vacía, recordando ese último beso, ese dolor en el pecho aguantando las lágrimas hasta que te fueras, ese abrazo. Recordando tu mirada cuando estábamos hablando, lo que te costaba explicarte. Mi alma vaga perdida muy lejos de aquí, muy lejos de donde esté mi cuerpo, ni si quiera yo sé dónde.
No sé si algún día volverás a mirar mi blog, si querrás acordarte de mí y leer lo que te escribí el 22 de agosto, y por casualidad te encuentres con esto. Si lo haces, creo que puedes entender que por aquí se explicarme bastante mejor. Escribiendo me desahogo, puedo volcar todos mis sentimientos sobre un par de párrafos sin que nadie me vea llorar, sin que tú me veas llorar, sin que digas que mis ojos te dicen todo, porque aquí no los puedes ver.
Sí, te admito que ahora esos ojos pardos están llenos de lágrimas, y te admito que llevan tiempo sin descansar. Porque ahora, mis ojos están apagados, por mucho sol o luz que haga, no brillan, no se ve el reflejo de los tres colores que los componen, son simplemente unos ojos marrones, tristes, cansados. Y siento decepcionarte, diciéndote que mi sonrisa, por muy preciosa que me digas que es, ya no volverá a ser la misma.
Y es que no tiene sentido sonreír si no eres tú el que me hace sonreír, porque solo tú puedes sacármela de una forma que nadie puede, solo tú puedes hacerme sonreír, como una niña chica que juega con su juguete nuevo. Pero ahora mi sonrisa estará ausente un tiempo indefinido, ausente sin saber cuándo volver, ausente, asustada de volver a ser separada de mi boca.
Recuerda que TE QUIERO, como a nadie y también acuérdate, siempre cumplo mis promesas.

Pce.#
No hay comentarios:
Publicar un comentario